Martes , 23 octubre 2018
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Guardia y custodia exclusiva para el padre en beneficio del menor

Guardia y custodia exclusiva para el padre en beneficio del menor

El principio rector para la adopción de medidas que afecten al cuidado y educación de los hijos, ha de ser el “favor filii”, que es una constante repetida en el Código Civil elevado a rango constitucional y, conforme al cual, debe procurarse, ante todo, el beneficio e interés de los menores, por encima de los intereses de los progenitores, así como la protección integral de los hijos menores. En la mayoría de los casos de ruptura matrimonial la custodia es atribuida la madre dado que a priori es la que ejerce la función cuidadora de los hijos con mas intensidad y además es el rol social atribuido y asumido de forma generalizada.Es fundamental analizar y profundizar en la indiosincrasia de cada familia, en la voluntad de los menores en cada caso y en las condiciones personales de cada progenitor para atribuir la guarda y custodia a uno de los progenitores debiendo ser el progenitor custodio el que fomente la potenciación de un régimen de visitas fluido con el que no ostente la custodia con el fin de favorecer lo máximo posible las relaciones afectivas con ambos. Para el menor es imprescindible el poder mantener la relación más estrecha equilibrada y estable posible con ambos, en un clima de equilibrio, tolerancia y respeto.En ocasiones es el padre el progenitor que realmente ejerce la función cuidadora de sus hijos. Este tipo de padres obedece a padres profundamente implicados en el desarrollo de sus hijos, tienen una vinculación afectiva muy fuerte con ellos y son los que realmente pueden dar al menor la estabilidad que precisan en todos los ámbitos de su vida, determinándose así la forma de apego y de referente que el padre ha generado respecto al menor.En esos supuestos es conveniente atribuir la custodia al padre y a pesar de que pueda llegar a considerarse como una opción atípica es obvio y manifiesto que por encima de la condición del sexo de los progenitores está la voluntad del menor, la capacidad de los padres para ejercer la custodia y las condiciones de cada uno de los progenitores.En el procedimiento judicial deben ser probadas estas circunstancias siempre de forma exhaustiva, pero aún más cuando se solicita la guarda y custodia exclusiva para el padre ya que el principio generalizador imperante es atribuir la custodia a la madre.Es reiterativo en toda la jurisprudencia y doctrina que “las medidas judiciales sobre el cuidado y educación de los hijos serán adoptadas en beneficio de ellos, que ha de entenderse, en relación a la determinación de la guarda y custodia, en el interés judicialmente protegido en que éste sea atribuido al progenitor con el que convive habitualmente y cuya convivencia le permita un mejor desarrollo físico – afectivo y socio – escolar”.
El interés supremo del menor a la hora de atribuir la guarda y custodia, que sin duda debe ser el preferentemente tutelado, pasa por apreciar todas las circunstancias, ponderando el ambiente más propicio para el desarrollo de sus facultades intelectuales, afectivas y volitivas así como la voluntad libremente manifestada por el menor mayor de doce años con el fin de no obligarle en ningún caso a una convivencia no deseada con uno de sus progenitores ya que dicha imposición no favorece a su estabilidad emocional.
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