Viernes , 27 abril 2018
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Paradojas machistas

MANUEL MOLINA DOMÍNGUEZ Un hombre se dirige al Ayuntamiento de su nueva localidad. Acaba de divorciarse y (entre otras cesiones económicas) renunció a su vivienda conyugal a favor de su ex esposa a cambio de la Custodia Compartida de sus hijos. Evitó así un largo procedimiento judicial contencioso y el enfrentamiento siempre aparejado al mismo. Y consiguió no convertirse en un mero “visitador” de sus hijos, sino seguir presente en sus vidas el 50% del tiempo (cenar con ellos, leerles el cuento antes de dormir, desayunar juntos, acompañarles al colegio, ayudarles, etc.; en suma, “estar ahí”), algo con lo que los pequeños están encantados. Por ello, se ha mudado a un municipio cercano donde la vivienda es más accesible. Cuando llega ante la funcionaria encargada del padrón, y antes de hacer su consulta, pretende explicarle que está divorciado y que los pequeños también viven con él. No puede terminar. En cuanto menciona las palabras “divorcio” e “hijos”, la funcionaria le interrumpe diciéndole: “en caso de divorcio la mujer ´se queda´ los hijos”. Así: como si fueran una “propiedad”. El hombre, educadamente, lo intenta de nuevo. No lo consigue. Como una maldición mitológica, las palabras clave vuelven a provocar la monótona y reiterativa letanía de su interlocutora: “ya, pero en caso de divorcio, la mujer ´se queda´ los hijos”. Tras otro intento, el hombre se marcha. Asegura que, mientras se alejaba, la funcionaria seguía repitiendo su “mantra” una y otra vez, con la mirada perdida en el infinito. Se trata de un caso real.Y no es una actitud exclusiva de mujeres. Conozco el caso de un profesor de educación infantil que afirma con pasmoso desparpajo que le “trae sin cuidado” lo que sobre su labor opine un padre divorciado. Pero ¿se plantea el joven docente cómo se sentirá si algún día tiene hijos, descubre que les ama más que a su vida, y a causa de un divorcio se ve alejado de ellos? ¿y el modo en que esa actitud indolente puede afectar negativamente a la imagen ganada por su Centro Educativo merced al buen hacer y profesionalidad del resto del personal, -justo es reconocerlo- todas mujeres? Porque lo que sí se plantean esos padres divorciados es dar el paso decisivo: denunciar estos casos -con datos, luz y taquígrafos- a fin de acabar definitivamente con tanto sinsentido.De cualquier modo, el problema es más profundo. Se trata de una auténtica metáfora de la sordera de una parte de nuestra sociedad ante la dificultad de numerosos padres para seguir ejerciendo como tales tras los divorcios. Una sociedad, curiosamente, beneficiaria del sacrificio (a veces total) de aquellas féminas que lucharon desde hace más de un siglo -con el apoyo y respeto de muchos hombres que comparten sus ideas- por la igualdad en sus derechos más básicos. Paradójicamente, una sociedad heredera del movimiento feminista que -generalizado a partir de los años 60 y 70- sembró las bases de la igualdad real en la vida doméstica y la dedicación a los hijos. Un feminismo del que nos hemos “nutrido” culturalmente, desde niños, muchos hombres de mi generación (aunque a algunos y algunas parece que ni les haya rozado).Sin embargo, en esta misma sociedad se da la paradoja de que la igualdad entre sexos funciona actualmente, en ciertos aspectos, tan sólo “en una dirección”. Y si no lo creen, hagamos una prueba: ¿A alguien le resulta extraño -o le parece mal- que cuando un hombre inicia una vida de pareja, comparta equitativamente la dedicación a las tareas domésticas y el cuidado de los hijos desde los primeros días de vida de éstos? Entonces ¿por qué a algunos/as les sorprende que esos mismos hombres quieran -ya que pueden- seguir dedicándose al cuidado y educación de sus hijos cuando se produce una separación? ¿O es que alguien puede todavía tener dudas de que esos hijos necesitan de las figuras paterna y materna para un adecuado desarrollo emocional y psicológico? ¿Y, lo que es más grave, por qué algunos/as -desde ciertos puestos “técnicos” oficiales- siguen poniendo “trabas” a que jueces y tribunales puedan dar solución a este problema?La siempre sensata, honesta y valiente (tres cualidades más que aconsejables en su profesión) Dª María Sanahuja, Magistrada Juez de la Audiencia de Barcelona -y feminista defensora de la Custodia Compartida-, lo decía en un reciente debate en TV3. Cuando una militante del sector más rancio y obsoleto del feminismo patrio le espetó que las mujeres -solo por serlo- son “más adecuadas” que los hombres para hacerse cargo de los hijos, la Sra. Sanahuja contestó con tranquilidad: “eso, en lugar de un argumento feminista, parece más propio de la ´sección femenina´ “. Podría decirse más alto, pero no más claro.
Asociación Catalana de Padres Separados

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