Sábado , 25 noviembre 2017
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Una verdad incómoda para las feministas

Una verdad incómoda para las feministas

Una veintena de organizaciones feministas está llevando a cabo una campaña para denigrar públicamente al juez Francisco Serrano, al tiempo que han elevado un escrito de queja al presidente del CGPJ, Carlos Dívar, en el que solicitan la apertura de un expediente disciplinario por causa muy grave. El “delito” del juez sevillano no ha sido otro que romper el tabú sobre la violencia de género al señalar el doble rasero implícito en la Ley aprobada en 2004, dependiendo de si el agresor es hombre o mujer, así como la multitud de casos de denuncias falsas por parte de mujeres o las silenciadas muertes de hombres que también causa la violencia domestica.

Ya es grave que las feministas traten de cercenar la libertad de expresión de un juez cuando este emite opiniones que no les gustan. Sin embargo, a lo que se limitó el juez Serrano en sus declaraciones y en su informe, más que a emitir opiniones, fue a describir hechos. Así, basta leer la exposición de motivos y numerosos artículos de la Ley de Violencia de Género para constatar que este tipo de violencia se circunscribe solamente al maltrato de los hombres contra las mujeres. Cuando se habla de medidas preventivas, de apoyo y de reinserción social sólo se considera posibles beneficiarias a las mujeres. Según el legislador, o no hay hombres que sufren agresiones o no merecen esas ayudas. Que esta norma establezca, en clara violación del principio de igualdad ante la ley, una serie de castigos penales mucho más graves si los maltratadores son hombres que si son mujeres no es una opinión; es un hecho constatable con sólo leer la norma de marras. Eso, por no hablar de la desigualdad que conlleva el hecho, también señalado por Serrano, de que si una mujer presenta una denuncia se dicten medidas cautelares casi siempre de forma inmediata, lo que jamás sucede cuando el afectado es un varón.
Esta desigualdad resulta más injusta si tenemos presente el elevado número de denuncias falsas: que de los 9.800 procedimientos que se incoaron en 2008 en Andalucía por esta causa, más de un 90 por ciento se hayan archivado o hayan acabado en absolución no es una opinión del juez Serrano, sino un dato de la propia Fiscalía. Naturalmente, el juez Serrano es el primero en admitir que, en algunos casos, la falta de condena podría deberse, no a que la denuncia fuera falsa, sino a la falta de pruebas. Sin embargo, que también hay muchas mujeres que se inventan esos malos tratos, bien sea por despecho, bien sea para mejorar las condiciones del divorcio, es un hecho del que ya dejara constancia y denunciara públicamente la jueza de Barcelona María Sanahuja.
Así mismo, en el informe que hizo público el juez Serrano se da un dato silenciado y no recogido en las estadísticas oficiales, según el cual la violencia doméstica ha provocado la muerte a treinta hombres este año. Naturalmente nadie discute por este hecho que es mucho más frecuente que el maltratador sea varón que mujer. Sin embargo, vistas las reacciones de las feministas, más destinadas a insultarle que a desmentirlo, parecería que lo que les ha molestado del juez no es la supuesta falsedad de sus datos, sino que los haya hechos públicos.
Y es que las asociaciones feministas, lejos de refutar uno solo de los argumentos o datos ofrecidos por Serrano, a lo que se han dedicado es a calificarlo nada menos que de “maltratador”. Un “maltrato institucional y psicológico” que, según una de las portavoces de esas asociaciones, Ana María Pérez del Campo, el juez Serrano “emplea para hacer daño a las mujeres, como hace cualquier otro maltratador, que utiliza el teléfono o a los niños para seguir insultando y maltratando”.
La presidenta de la Federación de Mujeres Progresistas, Yolanda Besteiro, ha ido todavía más lejos al plantearse otras acciones legales contra el juez como la de acusarlo de prevaricación. Y es que, para Besteiro, que Serrano siga juzgando causas relacionadas con la violencia de género “es como si una persona que defiende las acciones de ETA, juzgara a personas de ETA”.
Ya es grave que haya asociaciones que silencien las denuncias falsas por malos tratos, pero peor es que ellas mismas las perpetren contra quien se ha limitado a proclamar una verdad que les incomoda.
Asociación Catalana de Padres Separados

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